Me los imagino al otro lado de la pantalla, como esas viejas
beatorras que tras la cortinas espían a dos novios que se dan un
apretujón y, llenas de divina indignación, claman echando espumarajos
por la boca: ¡es intolerable!, ¡a dónde vamos a llegar!, ¡esto no
puede seguir así!.....¡tenemos que hacer algo!. Ahora traslademos la